La misión de Perú era lograr los tres puntos ante Colombia en el Monumental, pero solo se pudo conseguir uno, y eso apenas sirve para sumar en la tabla de posiciones de las Eliminatorias.
El cuadro nacional fue superior a su rival, dispuso de varias ocasiones claras de gol, pero en el fútbol no se gana con merecimientos, sino con goles, y eso careció –para variar- el combinado patrio.
Desde el punto de vista cuantitativo, un punto es mejor que cero, pero no más que tres, y eso recién lo sentiremos al final del torneo, cuando los puntos que perdimos en casa (¡seis hasta hoy!) nos cobren la factura y volvamos a estar fuera del Mundial.
En lo cualitativo, Perú mostró una cara distinta, esta vez fue un equipo con otra actitud, que dejó todo en la cancha y que se repuso -con más garra que fútbol- de un marcador adverso a pocos minutos de iniciado el encuentro.
Tras un inicio para el olvido (muy parecido al duelo ante México), donde nada salía bien, hubo en el campo una inyección de actitud (que bajó de las tribunas con el aliento del público) que hizo que Perú dejará a un lado sus limitaciones, tenga el control del balón e inclinara la cancha ante una buena selección cafetera, de buen toque de balón y hombres con gran biotipo.
Fueron los mismos jugadores quienes se llenaron de amor propio, emparejaron la cuenta y bregaron con todo en pos de revertir el marcador, pero la suerte fue esquiva para nuestra selección, que dejó pasar una buena oportunidad para sumar de a tres.
El conjunto patrio tuvo una entrega que hace mucho no se veía y que los hinchas reclamaban, y por ello salió aplaudido del estadio al finalizar el partido, a pesar del mal resultado que significa empatar en casa.
Una paridad que no da para celebrar, pero si nos permite sacar conclusiones del mismo: ¡faltan jugadores! Perú no es Argentina ni Brasil que pueden prescindir de jugadores, y si alguien faltó en el gramado de juego la noche del sábado fue Jefferson Farfán.
Mención aparte tiene la gente que asistió al coloso de Ate, que son los que siempre deben estar cuando juega la selección, es decir, aquellos hinchas que hicieron un esfuerzo para alentar al equipo patrio en las malas (es muy fácil ser ‘hincha’ en las buenas), y que desde las graderías se convirtieron en el jugador número 12 que tanto requería la selección.
El martes Perú se vuelve a jugar la vida ante Uruguay en un partido más que difícil en el Centenario, en lo que podría convertirse en el último partido de José Del Solar como técnico de la selección, quien pase lo que pase en Montevideo podría dejar el puesto.
Uno x uno:
Leao Butrón: falló en el gol colombiano, pero luego se convirtió en figura, ganando dos mano a mano a los rápidos delanteros cafeteros y salvando al arco nacional en un tiro libre de Bustos que tenía dirección de gol. Es el indiscutible bajo los tres palos.
Amilton Prado: comenzó frío, sin marca y proyección; sin embargo en el segundo tiempo tuvo una buena actuación, ganando varias pelotas divididas ante jugadores que parecían le doblaban el tamaño, y dándose mañana para sumarse al ataque.
Alberto Rodríguez: pudo haber hecho algo más en el gol de Rodallega, pero con el transcurrir de los minutos se convirtió en el valor más alto de la defensa nacional, ganando siempre por alto y brindando la pelota al compañero mejor ubicado cuando salía jugando.
Walter Vílchez: se complementó bien con el ‘Mudo’, luchó y corrió mucho, apoyó a sus compañeros por la bandas y jugó un buen partido. Jugar en el fútbol mexicano le ha brindado mayor confianza y velocidad a Vílchez.
Juan Vargas: el ‘Loquito’ tuvo dos tiempos totalmente distintos. En el primero sin mucho protagonismo, muy defensivo e impreciso. En el segundo todo lo contrario, pidiendo el balón, proyectándose, disparando desde fuera del área y animando a sus compañeros dentro de la cancha. Como siempre puso mucha garra y fue de lo mejor de Perú.
Rainer Torres: el volante de Universitario se comportó a la altura de lo que se esperaba de él: se ‘comió’ toda la cancha, y fue el principal responsable de interrumpir el buen juego de balón de la visita. Un disparo suyo fue sacado desde la raya por un rival, era el gol (golazo) del triunfo.
Donny Neyra: el mejor jugador del actual puntero del Torneo Apertura de Perú, jugando en una posición distinta al de su club, tuvo solo ‘chispasos’ de buen fútbol. En la segunda mitad, jugando algo más adelantado, fue más útil para la selección.
Martín Hidalgo: fue el más discreto de la selección. Un cabezazo suyo apenas iniciado el partido pudo haber abierto la cuenta, después Hidalgo pasó desapercibido y centrando al área rival -sin destinatario definido-los balones que le llegaban por su sector. Dudo de su presencia en el equipo titular ante Uruguay.
Nolberto Solano: el capitán jugó hasta donde el físico le permitió. Ganó casi siempre por su zona y por ese sector se generó el gol peruano. ‘Ñol’ jugó bien, aunque se quedó sin piernas sobre el final.
Juan Carlos Mariño: convocado para dar fútbol al cuadro peruano, pero no logró cumplir su objetivo. Estuvo muy impreciso en los pases y buscó siempre la jugada individual. Era el candidato a las pifias de la gente en la primera mitad, pero el gol lo salvó. En la segunda etapa Mariño se conectó con la actitud de sus compañeros y a poco estuvo de conseguir el segundo tras un gran pase de Solano.
Paolo Guerrero: el gran sacrificado de la noche. El delantero del Hamburgo peleó todos los balones e intentó el gol por todos los medios. Tanto corrió que lucía muy cansado en el segundo tiempo, y aún así era un dolor de cabeza para los cafeteros.
Juan Cominges: ingresó por Hidalgo, se recostó por izquierda, pero su participación fue intrascendente. Al final del partido, un centro “buscapié” suyo le pudo haber dado la victoria a nuestro país.
Hernán Rengifo: hizo su ingreso por un extenuado Neyra y desde su ingreso se juntó con Paolo e hizo que Colombia se replegara. Es un atacante que pelea todas y por su contextura física no se amilana ante nadie. Con Farfán castigado, el “Charapa” es la única alternativa.
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