Desde que se supo que Julio César Uribe había sido elegido para tomar las riendas de la selección nacional, fueron muy pocas las personas que se mostraron siquiera conformes con la elección del ‘Diamante’ como seleccionador patrio.
Desde un inicio se sabía que trabajar con casi una total desaprobación popular iba a ser muy difícil, que no había crédito al error, que se comenzaba un proceso en la que pocos creían.
Si a esto sumamos la poca suerte en su primera experiencia con la bicolor, la pésima campaña en la última Copa América, las malas decisiones técnicas, el anteponer problemas personales a los intereses nacionales (caso Solano) y las diferencias públicas con algunos referentes de su plantel (Juan Carlos Bazalar), parece que van inclinando la balanza hacia un final no deseado (e inesperado) para el técnico.
Ni siquiera las disculpas ofrecidas en su conferencia de prensa de finales de la semana pasada pareciera que le concederá la absolución de sus culpas y el camino libre rumbo al Mundial de Sudáfrica.
Y es que una declaración de Juvenal Silva, presidente de la Comisión Mundialista, cuando todos pensábamos que el tema de Uribe ya estaba oleado y sacramentado en función a su continuidad, dio un giro total al tema, y ahora el ‘Proceso del Diamante’ pende de un hilo.
Si bien es cierto que el trabajo de un técnico no se ve de la noche a la mañana, y que necesita tiempo para que se pueda plasmar en el campo de juego, los distintos inconvenientes en su corto periodo como seleccionador lo estarían lapidando.
Yo creo que Julio César pecó de soberbio (aunque él diga que no lo es), dejó de lado a jugadores que “mataban por estar en la selección” y llamó a otros que nada tenían que hacer con la blanquirroja. A la hora de la hora, la falta de jugadores de real experiencia se hizo sentir, tanto en el campo de juego como en la interna del plantel.
Murió en su 3-5-2 (5-3-2 en la práctica) pero sin contar con la gente ideal para dicho sistema, y encima borró de la lista final para la Copa a un jugador que, a pesar de sus limitaciones, podría haber sido utilizado (Amilton Prado).
Sacrificó a Juan Carlos Bazalar haciéndole jugar en algunos partidos como el único de contención, pero el experimentado volante de Cienciano no se amilanó y fue uno de los mejores en Venezuela. Sin embargo, tras la eliminación de la Copa fue lapidado (“ya cumplió su ciclo”) por su propio técnico. Una total falta de respeto al jugador, que Julio César trató de desmentir, pero las imágenes no mienten, él dijo lo que dijo.
Pero si hubo un partido que marcó este mini proceso fue el que se jugó con Bolivia, donde el técnico no leyó bien los compromisos anteriores del rival, se subestimó al mismo y puso en el campo del Metropolitano de Mérida un equipo que nunca llegó a comprenderse y poco o nada hizo ante los altiplánicos, y si no fuera por los salvadores goles de Pizarro, Perú se hubiese despedido una semana antes del torneo, sin “cumplir con su objetivo” de pasar la primera fase, qué mediocridad.
El futuro de Uribe se definirá en la semana, los jugadores desean la continuidad de Uribe, los dirigentes parecen tener una opinión contraria, y ni qué decir de la afición, que no solo quiere un técnico con el cual se sientan representados, sino que quieren sentirse ‘mundialistas’ luego de casi tres décadas.
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