Mientras en Zúrich celebran la inauguración de la nueva sede central de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), la misma que costó más de 240 millones de dólares, en Sudamérica la prohibición “por razones médicas” de jugar partidos internacionales a más de 2,500 metros sobre el nivel del mar ha generado rabia e indignación.
Esta medida afecta a países andinos como Bolivia, Ecuador, Colombia y Perú, que se ven impedidos de hacer uso de su soberanía para decidir donde jugar las Eliminatorias. También impide a distintos clubes (Cienciano, Millonarios de Colombia, Cobreloa de Chile, LDU de Quito, etc.) a jugar como local en sus respectivos estadios ubicados a una altitud superior al límite expresado por FIFA.
Aquí no está en discusión si la selección peruana debe o no jugar en el Cusco los partidos eliminatorios al Mundial de Sudáfrica, aquí está en juego el derecho de los pueblos andinos a jugar fútbol en altura, ese es el tema, y ninguna entidad supranacional puede impedirlo.
Hasta la fecha no existe ningún documento científico que haya probado una relación directa entre la altitud y un efecto nocivo contra los deportistas luego de un partido de fútbol, sin embargo si hay conocimiento de decesos por la exposición al calor, etc., pero la FIFA sigue programado encuentros en zonas de tanto calor como en Barranquilla (Colombia) y Manaos (Brasil).
Actualmente existen una serie de procedimientos para que un deportista de elite pueda adaptarse sin problemas a la altura, para lo cual es necesario una buena preparación. También existen laboratorios especiales, donde hacen tests de resistencia utilizando cámaras hipobáricas para determinados períodos de aclimatación, lo cual es utilizado hoy en día por diversos clubes sudamericanos, entre ellos algunos peruanos.
La decisión de FIFA es un acto discriminatorio contra los pueblos andinos, cuyos pobladores estarán impedidos de presenciar fútbol internacional en sus respectivos pueblos, una total aberración de un ente que abandera en todo el planeta una campaña contra el racismo a todo nivel.
Es por ello que aplaudo la reacción de los distintos países afectados (incluyendo también a México), que en los próximos días confrontarán al máximo ente del fútbol mundial sobre las implicancias de jugar en altura y buscarán que ésta se rectifique y el tema se archive de manera definitiva.
Si el veto prospera, esto sentaría una jurisprudencia nefasta para el fútbol peruano (y mundial), donde algún club del llano se negaría a jugar partidos por los torneos de Primera División, Segunda División y Copa Perú en ciudades como Cusco (3300 msnm), Huancayo (3271), Andahuaylas (2929), Cajamarca (2720), Ayacucho (2761), Juliaca (3800), Puno (3860), Cerro de Pasco (4337), entre otros.
La FIFA debe revertir su decisión y en vez de impedir que el fútbol pueda jugarse en ciudades de altura, debe convertirse en un medio para su desarrollo y promocionar su práctica.
Y finalizo esta columna con un párrafo de la campaña boliviana en defensa del juego en altura, el cual comparto en su totalidad: “millones de personas vivimos, trabajamos, reímos, lloramos y amamos en la altura, como todo el resto del mundo. ¿Por qué no debiéramos jugar y competir en el fútbol?”.
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