Amateur, no es una palabra que se pueda encontrar en el diccionario, sin embargo es un término que se aplica a todo aquello que se realiza sin un carácter de ejercicio profesional, sino por afición personal.
En la enciclopedia virtual “Wikipedia” se señala que un amateur puede ser tan hábil como un profesional, sin embargo su motivación es el amor o la pasión por una cierta actividad y no tiene el fin de ganar dinero por realizarla.
Este último concepto se asemeja al que la mayoría de los dirigentes del fútbol peruano definen el trabajo que realizan, e inclusive no es extraño leer y/o escuchar declaraciones como éstas: “No recibo un sol por el trabajo que hago en el club”, “lo hago por vocación”, etc.
Sin embargo hasta el término de “amateur” le queda muy grande al trabajo de ciertos dirigentes, que lo único que hacen es velar por sus propios intereses, y poco les interesa el desarrollo de nuestro balompié.
Si se hace una lista de los innumerables problemas que día a día afectan al fútbol peruano, nos encontraremos que en la mayoría de ellos la raíz de dichos inconvenientes está involucrado un dirigente.
Y en las últimas semanas, las primeras planas de los principales medios deportivos fueron copadas por un dirigente de la Federación, que cada vez que abre la boca genera escándalos.
Primero fue en Chile, cuando Freddy Ames, muy suelto de huesos, arremetió contra Claudio Pizarro, y derivó en la suplencia de éste (según Franco Navarro fue decisión suya) en el primer partido ante Chile.
Y luego, en Tacna, cuando se filtró a la prensa el informe que dicho “dirigente” tenía que presentar a la FPF sobre la deserción de Pizarro. Ames señaló en su momento que “alguien” robó el documento, pero hasta hoy –para variar- no se esclarece el tema. ¿Qué raro no?
Luego, a inicios de semana el delantero peruano del Bayern alemán decidió renunciar al proceso de Navarro en la selección, y recién al día siguiente –fiel a su estilo, muy pasiva cuando los papas queman- la FPF emitió un comunicado señalando que sería la FIFA quien debe sancionar al jugador. La falta de pantalones en el máximo ente del fútbol nacional se hacía nuevamente presente.
Pero no todo quedó ahí. Nuevamente Ames abrió la boca para decir una desfachatez al señalar que “para que el Perú vuelva a clasificar a un Mundial, es necesario nacionalizar a jugadores extranjeros”.
Una declaración que menosprecia y ofende a nuestros futbolistas. Más aún, es una cachetada al trabajo (bueno o malo, eso es otro tema) que realizan los clubes y la misma Federación (“Creciendo con el Fútbol”, etc.) con la finalidad de desarrollar el fútbol nacional en un futuro cercano.
La FPF ni se inmutó con las palabras de uno de sus directivos, menos emitió algún comunicado aclaratorio, y su silencio cómplice nos permite creer que talvez el pensamiento “Ames” es el que prima allí.
¿No será esta un cortina humo para dejar pasar el caso Pizarro?… Solo el tiempo lo dirá.
Finalmente, así como a los entrenadores se les exige tener un título para poder entrenar, debería ser una obligación que los dirigentes también lo tengan, y sólo así ocupar cargos dirigenciales, y no lleguen tantos “oportunistas” al fútbol nacional.
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